9 comentarios el “El relato del mejor pez que se te escapo

  1. El “mejor” pez que se me escapo, al menos el que sentí que podía ser uno de los mas grandes que he sacado, fue en Vallimanca este año. Sentí el pique, la corrida de la caña, encaño y se venia paralelo a la costa contra la corriente y… SE ME ESCAPO! La estela siguió y desapareció.

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  2. Al mejor lo vi atacar, apenas a 2 metros de mi, en la rompiente del roquedo. Ya estaba prácticamente sacando el señuelo del agua, y apareció desde el fondo, agarró el vinilo y volvió a sumergirse como un torpedo. Dobló la caña hasta romperla… Error mío que no olvidaré: ese freno mal ajustado con un trenzado de 20lb

    Una gran idea compartir estas derrotas! 😀

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  3. El mio fue medio trucho porque no lo sentí sino que deje un anzuelo con una cabeza de bagre y una gruesa cuerda atada a un árbol durante toda la noche, al otro día la cuerda estaba enredada en ramas rotas y cuando la saque la cuerda se había roto, me habían dicho en el lugar donde la deje que habían taruchas muy grandes y creo que habrá sido eso, porque no conozco ningún otro pez excepto el dorado que no pica en arroyos que pueda hacer eso, después de eso jamás volví a poner carnada en el agua sin que yo este al fin del sedal jajaja.

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  4. el mio fue en necochea estaba en el mar y siento el pique en caño y lo traia asta que se fue a el fondo y se engancho con algo y luche asta que se coro la linea seguro que era un lenguado creo

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  5. Relato del pez que se me escapó.
    Agosto 2003, 10:30 pm, río Pachitea, 300 metros de ancho, margen izquierdo, selva de Perú.
    Estaba probando un nylon de 1.2 mm con un anzuelo de 12 cm de largo, la carnada (empate) eran trozos de liza, estaba bastante aburrido, me dolían las piernas y ya me estaban hartando los zancudos (mosquitos), mi suegro vino a verme y me alumbró con la linterna, cortando la oscuridad de la noche, le dije que iba a probar un lance más y si no había suerte lo dejaba para otro día, estuve otro rato a solas conmigo mismo, fumando un cigarrillo y pensando en la inmortalidad del zancudo, cuando de repente la línea empezó a tensarse contra la corriente, empecé a sentir de a pocos la fuerza del animal, llegué a un punto en que no supe si soltar el nylon o seguir jalando, pero me preocupaba algo por la tremenda fuerza, no había un árbol cerca, era mi mano pelada contra la bestia, cuando sentí que lo inevitable se acercaba, me saqué la gorra y la puse en mi mano para protegerme, giré el cuerpo mientras ponía toda la carga sobre mi hombro derecho y corrí con todas mis fuerzas hasta la loma, cinco metros en plano y cuatro metros de altura, faltando un metro para llegar, mi cuerpo se detuvo casi horizontal al suelo y empecé a temblar, pero no de emoción, el animal me detuvo y las fuerzas empezaban a abandonarme, mi mano izquierda buscaba raíces en la oscuridad para aferrarme, solo un poco más, medio metro más, y ¡zas! caí de cara al suelo y resbalé los cuatro metros hasta llegar otra vez a la orilla, la bestia consiguió zafarse, nunca supe que fué, pero desde ese día siempre busco el apoyo de un árbol grande para pescar en la noche.

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